(continuación de la novela diaria por entregas de este blog).
Calló entonces Cervantes y poco a poco recordaba mis palabras mientras mi amigo Friedich sonreía o fruncía el ceño o hacía que dormía o hacía que se miraba en el espejo, despacio una vez más, vencido siempre, loco otra vez como don Quijote, más cuerdo de lo que jamás podría estar Sancho Panza. Había leído en mi infancia las líneas de Cervantes porque era un hombre de fama español, desprestigiado país de ladrones.
-Mira ahora a tu propio fantasma, Mihai -dijo Friedrich-. ¿Te reconoces?
-Me reconocí en sus líneas como me reconocí también en las tuyas, mi viejo amigo poeta. Recuerdo al buen Quijote cabalgando con el viejo Rocinante, cual Calígula con su bello Incitatus. También convirtió el viejo lector a su caballo en senador en estos sueños cansados, en estas mis vulgares razones.
-Recordarás este sueño, Mihai, y será el primero de los siete fantasmas que te visiten. Cada mañana, despacio, estarás un poco más sano y un poco más loco y también un poco más cuerdo. ¿Recuerdas eso que llaman “literatura”?
-Recuerdo a Aron Pumnul tendido en el suelo. Ya nada tenía que enseñarnos y, despacio, también un día decidió cerrar los ojos, decidió vencer el miedo y olvidar, siempre olvidar.
-En todos estos mis siglos sólo he conseguido recordar un nombre: Lope -dijo el novelista. No fue mi plan construir la más universal de las novelas y le pregunté a Sancho: ¿de qué vale la fama si no es para disfrutarla? Mi Sancho dijo que tenía razón (porque para eso es mi personaje) y me puse manos a la obra. Imaginé a Lope tendido en su silla y a mí libre de estos grilletes que me asaltan. Le daría muerte, ya antes lo había hecho, ya antes lo había sentido. Escribiría un libro por el triunfo y por la venganza contra el hombre sin talento nacido, contra el despreciable ser que siempre me había vencido y contra el que siempre había sucumbido… no escribiría versos, no, sino una nueva forma por la que sería reconocido como don y autor, inventor y genio, ya muerto el teatro del mediocre y fruncido desastroso escritor español, vergüenza de su tierra.
Se levantó don Quijote y tomó papel y pluma y comenzó sus famosas palabras:
“En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, , no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”.
-¡Venceré! -dijo al fin-, desde mi cárcel de envidia construiré el monumento que jamás ningún cómico barato podrá derribar. ¿Me juzgas, rumano? Veo en tus ojos que crees mirar a un loco y veo en tus ojos que te consideras inocente. ¿No recuerdas, poeta? ¿Recuerdas a alguno de entre nosotros que no haya sentido la más sangrienta de las fruiciones?
Inclinó la cabeza y en su mirada sentí la más profunda lástima del creador.
-Es cierto, amigo mío. No lo conseguí porque algo me enseñó este mundo de quijotes y rinconetes.
-Quizá todo parta de la envidia -dijo Holderlin, que había permanecido callado largo rato-, el primero de los pecados y el que nos lleva a los otros. Comenzamos mirando y envidiando aprendemos a través de la experiencia, quizá sea la envidia el primero y más inestimable de los pecados.
-¿La sentiste? -pregunté.
-Mírate, Eminescu.
Y Friedrich sacó de su bolsillo un pequeño espejo de mano. Me vi extraño, como no me había contemplado antes. Durante mi estancia en el sanatorio recordaba haber pedido mermelada, miel y un espejo pequeño los lunes para poder observar mi rostro, ¿qué de malo había en ello? Las enfermeras siempre me lo negaban con un gesto rudo, muy alemán. “¿Por qué quiere mirarse, señor? Yo le diré cómo es usted: tiene el rostro de un joven poeta que no ha cambiado desde los veinte años, el rostro inteligente y una media mirada melancólica, otra media creadora. Poseen sus facciones todas la imagen de la poesía, señor”.
(Continuará mañana)
**Martín Cid es autor de las novelas Ariza (ed. Alcalá), Un Siglo de Cenizas (ed. Akrón), Los 7 Pecados de Eminescu (e-book y por entregas) y del ensayo Propaganda, Mentiras y Montaje de Atracción (ed. Akrón, 2010). Fundador de la revista cultural Yareah (http://www.yareah.com ) y del periódico Las Libertades (http://www.laslibertades.es ). Colabora con diversos medios de comunicación.
Ver más en http://www.martincid.com
Archivado en: Literatura Etiquetado: | Cervantes, Eminescu, Holderlin, Lope de Vega, Martin Cid, poeta









Información Bitacoras.com…
Valora en Bitacoras.com: (continuación de la novela diaria por entregas de este blog). Calló entonces Cervantes y poco a poco recordaba mis palabras mientras mi amigo Friedich sonreía o fruncía el ceño o hacía que dormía o hacía que se miraba……